Pese a esa hermosa concepción religiosa, el Bhagavad Gita es una tragedia, es la tragedia de Áryuna: un principe que se enfrenta al dilema de asumir la comandancia en una guerra contra un ejercito en el que militan muchos de sus queridos parientes y amigos. Dios, imparcial, le otorgó como ayuda al otro bando un ejercito divino, mientras que al de Áryuna le ofreció su orientación encarnando como Krishna. Krishna confronta a Áryuna, lo insta a asumir su propio destino: pelear a muerte. La impermanencia de todos los seres involucrados en la guerra era incluso una razón para ser valiente.
Aunque el relato puede servir de justificación a actos violentos en nombre de la religión, permite otra interpretación: una invitación a asumir el deber, lo que se considera correcto, incluso por encima de los gustos y las costumbres.
En la tradición literaria de la India los textos se transmitían con comentarios línea por línea, dando varias veces más crédito a los interpretes que a los autores. En el Bhagavad Gita que leí ésa era la función del Swami Prabhupada. Lo hacía bastante mal. Según su interpretación lo más importante del texto parecía ser el deber de volverse vegetariano. Si Krishna abría sus mil brazos, si Áryuna tenía una epifanía, cualquier cosa que ocurriera, llevaba al Swami a la misma moraleja -bueno, estoy exagerando un poco.
Se notaba que el Swami Prabhupada estaba profundamente preocupado por el sufrimiento de los animales. Eso me conmovió más allá de su idea de que si uno mata acumula karma negativo que luego, en otra vida, tendría que pagar, sufriendo lo que ellos sufren. Esa concepción del karma y de la reencarnación es tan ridícula como la concepción tradicional de infierno y vida eterna en nuestra cultura. También es ridículo pensar que las vacas son especialmente sagradas. Pero más allá de estas supersticiones había una pulsión más noble, una razón más fuerte: la compasión.
(Krishna representado tocando tiernamente flauta para las vacas)
La duda me condujo fácilmente a una convicción fundada en la compasión entendida como empatía. No quiero ser yo culpable innecesariamente del sufrimiento de seres que siento que se parecen en muchos aspectos a mí . Tampoco quiero tomarme el derecho de disponer de su vida si tengo la posibilidad de sobrevivir de otra manera. Creo que es lo correcto, aunque la carne sea rica -porque lo es-, aunque no sea la costumbre de mi familia, ni de mi cultura.
Descubrí tiempo después de mi decisión que el budismo permite aproximarse más claramente a ese concepto de compasión . No se trata de nuestra "compasión", no es ese sentir lástima por los miserables y ser condescendientes con ellos. Compasión como reconocimiento de la consciencia del otro. Todas las consciencias son manifestaciones particulares de la misma naturaleza y, en ese sentido, todas las consciencias están en comunión, incluso la de los animales. Al reconocer otra consciencia, reconozco que ese ser -como yo- huye de los horrores del sufrimiento y se aferra instintivamente a la vida. La compasión es la conjunción de las pasiones (ésa es de hecho su etimología), significa que es la capacidad de comprender lo que el otro siente. En el fondo, somos lo mismo. Me atrevo a decir que el único genuino fundamento de la moralidad es la compasión.
La violencia es lo contrario a la compasión, es causar sufrimiento a un ser sintiente y participar en mecanismos que termina con privación de la vida de seres conscientes. Dicho de otra manera, el vegetarianismo es un acto de no violencia. Ésa es su mejor justificación.
Así que me volví vegetariano. No soy activista, ni extremista. He hecho excepciones. No hago comentarios durante la cena, y siempre que me preguntan trato de responder sin creerme moralmente superior. Consumo lácteos, huevos y miel (lo cual me convierte técnicamente en un“apilactoovovegetariano”). Es realmente muy difícil ser un vegano puro. No llego hasta ese punto porque creo que podemos convivir con animales beneficiándonos de ellos en una relación mutualista (ellos por sus servicios reciben el beneficio de sobrevivir y reproducirse).
Este texto inicia una serie de artículos con los que quiero promover el vegetarianismo analizando diferentes tipos de argumentos, contándoles algunas anécdotas personales y sugiriendo algunas alternativas para llevar a cabo este estilo de vida. Me gustaría mucho que fuera un diálogo a partir de sus preguntas y puntos de vista (en los comentarios).
En el próximo artículo presentaré argumentos ecológicos y económicos a favor del vegetarianismo.







