miércoles, 7 de marzo de 2012

V de Vegetariano (primera parte): de la moral de la compasión


Tenía yo 13 o 14 años cuando leí por primera vez el Bhagavad Gita, comentado por el Swami Prabhupada (lider de los Hare Krishna). El libro es un capítulo de la Majábharata, aquella monumental epopeya de la India. El Gita me impactó por su misticismo, por su espíritu trágico y por los comentarios del Swami. Me sorprendió encontrar una visión no personalista de Dios, en la que se caracterizaba el espíritu divino como un espíritu absoluto y el conocimiento como un reconocimiento de la pertenencia de la consciencia individual al espíritu absoluto. Heredé para siempre el misticismo y el amor a la filosofía de la India.

Pese a esa hermosa concepción religiosa, el Bhagavad Gita es una tragedia, es la tragedia de Áryuna: un principe que se enfrenta al dilema de asumir la comandancia en una guerra contra un ejercito en el que militan muchos de sus queridos parientes y amigos. Dios, imparcial, le otorgó como ayuda al otro bando un ejercito divino, mientras que al de Áryuna le ofreció su orientación encarnando como Krishna. Krishna confronta a Áryuna, lo insta a asumir su propio destino: pelear a muerte. La impermanencia de todos los seres involucrados en la guerra era incluso una razón para ser valiente.

Aunque el relato puede servir de justificación a actos violentos en nombre de la religión, permite otra interpretación: una invitación a asumir el deber, lo que se considera correcto, incluso por encima de los gustos y las costumbres.

En la tradición literaria de la India los textos se transmitían con comentarios línea por línea, dando varias veces más crédito a los interpretes que a los autores. En el Bhagavad Gita que leí ésa era la función del Swami Prabhupada. Lo hacía bastante mal. Según su interpretación lo más importante del texto parecía ser el deber de volverse vegetariano. Si Krishna abría sus mil brazos, si Áryuna tenía una epifanía, cualquier cosa que ocurriera, llevaba al Swami a la misma moraleja -bueno, estoy exagerando un poco.

Se notaba que el Swami Prabhupada estaba profundamente preocupado por el sufrimiento de los animales. Eso me conmovió más allá de su idea de que si uno mata acumula karma negativo que luego, en otra vida, tendría que pagar, sufriendo lo que ellos sufren. Esa concepción del karma y de la reencarnación es tan ridícula como la concepción tradicional de infierno y vida eterna en nuestra cultura. También es ridículo pensar que las vacas son especialmente sagradas. Pero más allá de estas supersticiones había una pulsión más noble, una razón más fuerte: la compasión.
(Krishna representado tocando tiernamente flauta para las vacas)

Mi abuelo materno fue un reconocido banderillero, mi abuelo paterno fue un arriero paisa. La tauromaquia ha jugado un papel importante en la historia de una de mis familias, y la ganadería.en la historia de la otra. Bajo esas influencias es anormal preguntarse si está bien consumir o disponer de la vida de los animales, más aun si la religión culturamente dominante nos inculca la idea de que somos los reyes de la creación (actitud que fácilmente nos lleva a conductas poco ecológicas).

La duda me condujo fácilmente a una convicción fundada en la compasión entendida como empatía. No quiero ser yo culpable innecesariamente del sufrimiento de seres que siento que se parecen en muchos aspectos a mí . Tampoco quiero tomarme el derecho de disponer de su vida si tengo la posibilidad de sobrevivir de otra manera. Creo que es lo correcto, aunque la carne sea rica -porque lo es-, aunque no sea la costumbre de mi familia, ni de mi cultura.

Descubrí tiempo después de mi decisión que el budismo permite aproximarse más claramente a ese concepto de compasión . No se trata de nuestra "compasión", no es ese sentir lástima por los miserables y ser condescendientes con ellos. Compasión como reconocimiento de la consciencia del otro. Todas las consciencias son manifestaciones particulares de la misma naturaleza y, en ese sentido, todas las consciencias están en comunión, incluso la de los animales. Al reconocer otra consciencia, reconozco que ese ser -como yo- huye de los horrores del sufrimiento y se aferra instintivamente a la vida. La compasión es la conjunción de las pasiones (ésa es de hecho su etimología), significa que es la capacidad de comprender lo que el otro siente. En el fondo, somos lo mismo. Me atrevo a decir que el único genuino fundamento de la moralidad es la compasión.

La violencia es lo contrario a la compasión, es causar sufrimiento a un ser sintiente y participar en mecanismos que termina con privación de la vida de seres conscientes. Dicho de otra manera, el vegetarianismo es un acto de no violencia. Ésa es su mejor justificación.

Así que me volví vegetariano. No soy activista, ni extremista. He hecho excepciones. No hago comentarios durante la cena, y siempre que me preguntan trato de responder sin creerme moralmente superior. Consumo lácteos, huevos y miel (lo cual me convierte técnicamente en un“apilactoovovegetariano”). Es realmente muy difícil ser un vegano puro. No llego hasta ese punto porque creo que podemos convivir con animales beneficiándonos de ellos en una relación mutualista (ellos por sus servicios reciben el beneficio de sobrevivir y reproducirse).

Este texto inicia una serie de artículos con los que quiero promover el vegetarianismo analizando diferentes tipos de argumentos, contándoles algunas anécdotas personales y sugiriendo algunas alternativas para llevar a cabo este estilo de vida. Me gustaría mucho que fuera un diálogo a partir de sus preguntas y puntos de vista (en los comentarios).

En el próximo artículo presentaré argumentos ecológicos y económicos a favor del vegetarianismo.

1 comentario:

John dijo...

Es un placer escuchar nuevamente sobre la existencia, y con esto no me refiero al existencialismo, que lleve a decidir si sigo con mi vegetarianismo o no, sino por el contrario quiero decir- me encanta volver a saber de usted- sin entender muy bien los motivos por los cuales me llama la atención el vegetarianismo si lo es una decisión de vida que comparto, respeto y admiro. No creo - muy personalmente- que la religión tenga algo que ver con las decisiones de nuestras vidas, y mas aún si de no violencia se trata, pues todos nuestros pensamientos espirituales deberían converger en ese estado no violento.
Una sugerencia y una pregunta:

Sugerencia. orientar mas la idea de ser vegetariano como un estado de inteligencia, es decir, somos mas inteligentes si decidimos no violentar a nadie, por lo tanto un vegetariano es alguien muy sensible e inteligente. Se me ocurre pensar en el porqué del vegetarianismo de la escuela Pitagórica por ejemplo.

Pregunta: siendo muy atrevido con mi desconocimiento, entiendo que la filosofía no concibe los animales como seres racionales, y seria muy difícil así tener compasión por alguien que no consideramos un par. ¿es esto cierto? espero que no. Así como espero volverlo a ver pronto y leerlo muy seguido.